










El conjunto de Montevideo necesitaba de una victoria para superar la eliminatoria, y desde que salió de los vestuarios jugó de acuerdo a esa necesidad, pendiente de la premisa de marcar un gol cuanto antes, como indicó su entrenador, Jorge Da Silva, antes del choque.
Su dominio por presión, por posesión del balón y por actitud desarticuló al equipo local, que sólo tuvo respuestas espasmódicas pero muy pocas posibilidades de elaborar juego, ya que los uruguayos ocupaban todos los espacios posibles, recuperaban rápidamente la pelota y atacaban como si jugaran en casa.
Diego De Souza, eje del juego ofensivo de Defensor, resultaba imparable para los riverplatenses como creador y varias veces como punta en el medio del área. Cada cuatro ataques del equipo de Da Silva, respaldado por la profundidad de Sebastián Fernández y Carlos Morales y la proyección de Cristian González, Williams Martínez y Andrés Lamas, River ensayaba uno, a los tropiezos y sin libertades.
Pablo Gaglianone borró del campo al "Burrito" Ariel Ortega, cuyo equipo parecía estar atado a un libreto tan rígido que apagaba a sus intérpretes. A Defensor sólo le faltaba capitalizar en el marco adversario su superioridad, su velocidad para meterse en el área y ponerse de frente al meta Juan Carrizo. Merecía una ventaja en el marcador y no la conseguía.
De Souza malogró dos ocasiones inmejorables a los 20 y 30 minutos, Martínez a los 32 y Lamas a los 34, por falta de puntería en algunas ocasiones, y en otras por las oportunas intervenciones de Carrizo, casi siempre desprotegido por el descontrol de su defensa.
El equipo uruguayo sintió el esfuerzo y en los últimos diez minutos de la primera parte le costó mantener la posición de la pelota. River se espabiló y lo puso en aprietos tres veces por medio de Mauro Rosales y Fernando Belluschi.
El uruguayo Morales tuvo en su pies a los 59 minutos la mejor situación de gol del partido, cuando recibió un centro impecable de De Souza, remató de manera frontal, libre de marcajes, y Carrizo rechazó con su pierna derecha. Cinco minutos después, el portero local salió lejos de su meta, rechazó sin dirección y un remate de larga distancia de Julio Marchant fue enviado al córner, de cabeza, por eduardo Tuzzio. River aguantaba con angustia y la formación montevideana iba para adelante con ilusión y garra.
Defensor, como si jugara en el Parque Franzini de la capital uruguaya, controlaba todo y, aunque físicamente no era el mismo, estaba más cerca de la victoria que River, que tuvo una oportunidad a los 88 minutos, cuando un remate suyo dio en un poste de la meta de Martín Silva.
Defensor dejó en Buenos Aires una imagen inmejorable y se llevó como premio algunos aplausos.
EFE
Oscar Ahumada (izq) cabecea el balón ante la marca de Pablo Gaglianone (der) de Defensor Sporting durante el partido de vuelta de cuartos de final de la Copa Sudamericana.
Foto: EFE/Leo La Valle
River Plate se clasificó esta noche semifinalista de la Copa Nissan Sudamericana al igualar a cero con Defensor Sporting, que dominó durante todo el encuentro y generó las mejores situaciones para abrir el marcador. El partido de ida había terminado con un empate a dos que suponía una ventaja para River por el doble valor de los goles marcados fuera de casa, pero su rival lo puso en aprietos constantemente y estuvo más cerca de la victoria.
El conjunto de Montevideo necesitaba de una victoria para superar la eliminatoria, y desde que salió de los vestuarios jugó de acuerdo a esa necesidad, pendiente de la premisa de marcar un gol cuanto antes, como indicó su entrenador, Jorge Da Silva, antes del choque.
Su dominio por presión, por posesión del balón y por actitud desarticuló al equipo local, que sólo tuvo respuestas espasmódicas pero muy pocas posibilidades de elaborar juego, ya que los uruguayos ocupaban todos los espacios posibles, recuperaban rápidamente la pelota y atacaban como si jugaran en casa.
Diego De Souza, eje del juego ofensivo de Defensor, resultaba imparable para los riverplatenses como creador y varias veces como punta en el medio del área. Cada cuatro ataques del equipo de Da Silva, respaldado por la profundidad de Sebastián Fernández y Carlos Morales y la proyección de Cristian González, Williams Martínez y Andrés Lamas, River ensayaba uno, a los tropiezos y sin libertades.
Pablo Gaglianone borró del campo al "Burrito" Ariel Ortega, cuyo equipo parecía estar atado a un libreto tan rígido que apagaba a sus intérpretes. A Defensor sólo le faltaba capitalizar en el marco adversario su superioridad, su velocidad para meterse en el área y ponerse de frente al meta Juan Carrizo. Merecía una ventaja en el marcador y no la conseguía.
De Souza malogró dos ocasiones inmejorables a los 20 y 30 minutos, Martínez a los 32 y Lamas a los 34, por falta de puntería en algunas ocasiones, y en otras por las oportunas intervenciones de Carrizo, casi siempre desprotegido por el descontrol de su defensa. El equipo uruguayo sintió el esfuerzo y en los últimos diez minutos de la primera parte le costó mantener la posición de la pelota. River se espabiló y lo puso en aprietos tres veces por medio de Mauro Rosales y Fernando Belluschi.
El uruguayo Morales tuvo en su pies a los 59 minutos la mejor situación de gol del partido, cuando recibió un centro impecable de De Souza, remató de manera frontal, libre de marcajes, y Carrizo rechazó con su pierna derecha. Cinco minutos después, el portero local salió lejos de su meta, rechazó sin dirección y un remate de larga distancia de Julio Marchant fue enviado al córner, de cabeza, por eduardo Tuzzio. River aguantaba con angustia y la formación montevideana iba para adelante con ilusión y garra.
Defensor, como si jugara en el Parque Franzini de la capital uruguaya, controlaba todo y, aunque físicamente no era el mismo, estaba más cerca de la victoria que River, que tuvo una oportunidad a los 88 minutos, cuando un remate suyo dio en un poste de la meta de Martín Silva.
Defensor dejó en Buenos Aires una imagen inmejorable y se llevó como premio algunos aplausos
El conjunto de Montevideo necesitaba de una victoria para superar la eliminatoria, y desde que salió de los vestuarios jugó de acuerdo a esa necesidad, pendiente de la premisa de marcar un gol cuanto antes, como indicó su entrenador, Jorge Da Silva, antes del choque.
Su dominio por presión, por posesión del balón y por actitud desarticuló al equipo local, que sólo tuvo respuestas espasmódicas pero muy pocas posibilidades de elaborar juego, ya que los uruguayos ocupaban todos los espacios posibles, recuperaban rápidamente la pelota y atacaban como si jugaran en casa.
Diego De Souza, eje del juego ofensivo de Defensor, resultaba imparable para los riverplatenses como creador y varias veces como punta en el medio del área. Cada cuatro ataques del equipo de Da Silva, respaldado por la profundidad de Sebastián Fernández y Carlos Morales y la proyección de Cristian González, Williams Martínez y Andrés Lamas, River ensayaba uno, a los tropiezos y sin libertades.
Pablo Gaglianone borró del campo al "Burrito" Ariel Ortega, cuyo equipo parecía estar atado a un libreto tan rígido que apagaba a sus intérpretes. A Defensor sólo le faltaba capitalizar en el marco adversario su superioridad, su velocidad para meterse en el área y ponerse de frente al meta Juan Carrizo. Merecía una ventaja en el marcador y no la conseguía.
De Souza malogró dos ocasiones inmejorables a los 20 y 30 minutos, Martínez a los 32 y Lamas a los 34, por falta de puntería en algunas ocasiones, y en otras por las oportunas intervenciones de Carrizo, casi siempre desprotegido por el descontrol de su defensa.
El equipo uruguayo sintió el esfuerzo y en los últimos diez minutos de la primera parte le costó mantener la posición de la pelota. River se espabiló y lo puso en aprietos tres veces por medio de Mauro Rosales y Fernando Belluschi.
El uruguayo Morales tuvo en su pies a los 59 minutos la mejor situación de gol del partido, cuando recibió un centro impecable de De Souza, remató de manera frontal, libre de marcajes, y Carrizo rechazó con su pierna derecha. Cinco minutos después, el portero local salió lejos de su meta, rechazó sin dirección y un remate de larga distancia de Julio Marchant fue enviado al córner, de cabeza, por eduardo Tuzzio. River aguantaba con angustia y la formación montevideana iba para adelante con ilusión y garra.
Defensor, como si jugara en el Parque Franzini de la capital uruguaya, controlaba todo y, aunque físicamente no era el mismo, estaba más cerca de la victoria que River, que tuvo una oportunidad a los 88 minutos, cuando un remate suyo dio en un poste de la meta de Martín Silva.
Defensor dejó en Buenos Aires una imagen inmejorable y se llevó como premio algunos aplausos.
EFE
Oscar Ahumada (izq) cabecea el balón ante la marca de Pablo Gaglianone (der) de Defensor Sporting durante el partido de vuelta de cuartos de final de la Copa Sudamericana.
Foto: EFE/Leo La Valle
River Plate se clasificó esta noche semifinalista de la Copa Nissan Sudamericana al igualar a cero con Defensor Sporting, que dominó durante todo el encuentro y generó las mejores situaciones para abrir el marcador. El partido de ida había terminado con un empate a dos que suponía una ventaja para River por el doble valor de los goles marcados fuera de casa, pero su rival lo puso en aprietos constantemente y estuvo más cerca de la victoria.
El conjunto de Montevideo necesitaba de una victoria para superar la eliminatoria, y desde que salió de los vestuarios jugó de acuerdo a esa necesidad, pendiente de la premisa de marcar un gol cuanto antes, como indicó su entrenador, Jorge Da Silva, antes del choque.
Su dominio por presión, por posesión del balón y por actitud desarticuló al equipo local, que sólo tuvo respuestas espasmódicas pero muy pocas posibilidades de elaborar juego, ya que los uruguayos ocupaban todos los espacios posibles, recuperaban rápidamente la pelota y atacaban como si jugaran en casa.
Diego De Souza, eje del juego ofensivo de Defensor, resultaba imparable para los riverplatenses como creador y varias veces como punta en el medio del área. Cada cuatro ataques del equipo de Da Silva, respaldado por la profundidad de Sebastián Fernández y Carlos Morales y la proyección de Cristian González, Williams Martínez y Andrés Lamas, River ensayaba uno, a los tropiezos y sin libertades.
Pablo Gaglianone borró del campo al "Burrito" Ariel Ortega, cuyo equipo parecía estar atado a un libreto tan rígido que apagaba a sus intérpretes. A Defensor sólo le faltaba capitalizar en el marco adversario su superioridad, su velocidad para meterse en el área y ponerse de frente al meta Juan Carrizo. Merecía una ventaja en el marcador y no la conseguía.
De Souza malogró dos ocasiones inmejorables a los 20 y 30 minutos, Martínez a los 32 y Lamas a los 34, por falta de puntería en algunas ocasiones, y en otras por las oportunas intervenciones de Carrizo, casi siempre desprotegido por el descontrol de su defensa. El equipo uruguayo sintió el esfuerzo y en los últimos diez minutos de la primera parte le costó mantener la posición de la pelota. River se espabiló y lo puso en aprietos tres veces por medio de Mauro Rosales y Fernando Belluschi.
El uruguayo Morales tuvo en su pies a los 59 minutos la mejor situación de gol del partido, cuando recibió un centro impecable de De Souza, remató de manera frontal, libre de marcajes, y Carrizo rechazó con su pierna derecha. Cinco minutos después, el portero local salió lejos de su meta, rechazó sin dirección y un remate de larga distancia de Julio Marchant fue enviado al córner, de cabeza, por eduardo Tuzzio. River aguantaba con angustia y la formación montevideana iba para adelante con ilusión y garra.
Defensor, como si jugara en el Parque Franzini de la capital uruguaya, controlaba todo y, aunque físicamente no era el mismo, estaba más cerca de la victoria que River, que tuvo una oportunidad a los 88 minutos, cuando un remate suyo dio en un poste de la meta de Martín Silva.
Defensor dejó en Buenos Aires una imagen inmejorable y se llevó como premio algunos aplausos